La protesta de Standing Rock de los Sioux, una señal de alarma

La cuestión india en el continente americano, una lucha por la sobrevivencia, un planeta sano y el bienestar humano. El colonialismo no es cosa del pasado, aún sigue vivo. Pero ahora estamos ante un recrudecimiento de sus destructivos efectos sobre los pueblos originarios. ¿Cómo podemos ayudar a intentar acabar con él, estemos donde estemos?

por Katia Novella Miller

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”Somos agua”

Los pueblos originarios de América y aborígenes del mundo, todos ellos comparten los mismos problemas y la amenaza de una extinción definitiva. De hecho, afirmar que el colonialismo ha muerto es estar ciegos o desinformados. La gran cantidad de protestas de los pueblos originarios por todo el continente americano son la evidente prueba de que el colonialismo aún está vivo. En América del Norte, el levantamiento de los Sioux en el Estado de Dakota del Norte contra la construcción de un oleoducto, solamente es el más notorio; pero la lista es verdaderamente larga en Estados Unidos y en otros países. En Canadá la protesta de los Inuit en el Ártico; del pueblo Wet’suwet’en en el estado de la Columbia Británica, para citar solamente dos entre las tantas en la región. En México las protestas son incontables. En América Central, no hace mucho, Berta Cáceres, una líder del pueblo originario hondureño Lenca, fue asesinada y muchos otros líderes arriesgan sus vidas. En Brasil, los pueblos nativos han declarado guerra hasta la muerte a la impuesta dictadura conservadora pro-occidental y pro-corporaciones de Michel Temer ya que los pueblos originarios del país están perdiendo sus tierras, su forma de vida y su libertad a ritmo acelerado. En Perú, comunidades originarias aisladas han demostrado su indignación y desesperación debido a la invasión y destrucción del ambiente en el que viven; en los Andes, hasta individuos particulares, como la valiente campesina Máxima Acuña, “protectora de la lagunaˮ y ambientalista – que el pasado abril fue galardonada con el Premio Ambiental Goldman en Estados Unidos – están luchando contra las compañías mineras (principalmente de Estados Unidos y Canadá). Estas son sólo algunas de las muchas protestas que tienen lugar por todo el continente, en Chile, en Argentina, prácticamente en todos los países.

Estas protestas conciernen cientos de diferentes pueblos, naciones, tribus originarias de América del Norte, Central y del Sur, que actualmente están enfrentando la última y definitiva batalla contra el colonialismo y el capitalismo; comunidades que están registrando además un elevado número de suicidios muy probablemente debido al sentimiento de haber perdido toda esperanza.

Todas estas comunidades están luchando contra el mismo monstruo: principalmente corporaciones norteamericanas, pero también europeas, chinas. Todas sedientas de recursos naturales: fósiles como el carbón, el petróleo, el gas; sedientas de minerales, como el oro, el cobre, la plata, el zinc.

No es menor el impacto negativo de la agroindustria en las vidas de los pueblos originarios, especialmente en lo relativo a la agricultura, hambrienta de maíz, soya, café, frutas tropicales, como en los casos de México, Brasil, Colombia, Argentina, para mencionar apenas algunos cultivos y países.

Fósiles, minería, agricultura comercial, ganadería de mercado: son actividades productivas que necesitan de la tierra y la destruyen. No es una casualidad si los pueblos originarios en sus protestas se presentan como protectores del agua, protectores del lago, de la laguna, del río, de la montaña o de la naturaleza. Y sorprendentemente ellos, los pueblos originarios, los pueblos colonizados, estigmatizados a menudo como ‘primitivos’, están mandando un mensaje importantísimo al ‘mundo civilizado’, le están diciendo: si no cuidamos a nuestra Madre Tierra, todos moriremos. Una afirmación simplemente lógica y sumamente realista, pero no para todas las personas, ya que el mundo parece estar lleno de gente que no se da cuenta de la conexión que existe entre lo que come, bebe y compra y la tierra. Asombrosamente, la gente no es consciente de que todo, absolutamente todo lo que se produce está hecho con la naturaleza: metales, fósiles, arboles, plantas, agua…

La colonización comenzó hace 500 años y aún perdura. Hace quinientos años los europeos comenzaron la invasión del continente americano (llamado por los pueblos originaros también Abya Yala – en el sur de Estados Unidos y en América Latina – o la Isla de las Tortugas (Turtle Island) en América del Norte, entre otros nombres). Para los pueblos originarios de América – pero también para los Maorí de Nueva Zelanda o para los pueblos aborígenes de Australia – significó genocidio, expulsión de sus tierras, una creciente reducción del territorio, la imposición de leyes y valores extranjeros, una interminable y siempre mayor dificultad de seguir viviendo con sus costumbres; la explotación de sus recursos naturales por extranjeros, estigmatización, una pobreza anteriormente desconocida, una progresiva carencia de recursos: incuestionablemente se trata de problemas y amenazas que comenzaron a vivir unos cientos de años atrás, con la llegada de los colonizadores, y que aún subsisten. Pero hay una significante diferencia entre el ayer y el hoy. Ahora casi todo el territorio ha sido ocupado, ya no hay más tierras libres para escapar o a las que ser deportados. No hay lugares donde pueden refugiarse y mantener viva su tradicional forma de vida. Ahora es muerte o supervivencia.

Después de quinientos años de colonización las amenazas que los pueblos originarios enfrentan han empeorado, especialmente para aquellas comunidades que no han querido integrarse en las dominantes sociedades coloniales (o postcoloniales), a las que no se les ha permitido una integración, o que han evitado todo contacto con la cultura invasora.

La conquista de la última frontera en el continente americano: la Amazonía. Varios estudiosos indican como última frontera de conquista territorial la Amazonía. Esta enorme selva sudamericana es una de las pocas áreas del Hemisferio Occidental que aún no han sido completamente exploradas e invadidas, especialmente la zona amazónica peruana que hasta hace pocos años atrás conservaba intactos sus recursos naturales, petróleo, gas, oro, madera…

La Amazonía es el hogar de las últimas tribus y naciones originarias aisladas, no contactadas, que ahora, como nunca antes, están luchando desesperadamente – y probablemente con muy poca esperanza – por su sobrevivencia.

La masiva invasión y explotación de la selva amazónica comenzó en los años ’80 según IWGIA, el grupo internacional de trabajo para las cuestiones indígenas (International Work Group for Indigenous Affairs).

Una creciente necesidad de recursos naturales. Todo indica que la economía de consumo de los países desarrollados ha hecho proliferar las actividades mineras en todo el continente durante la última década. Las comunidades indígenas más afectadas por las operaciones extractivas han sido las más firmes opositoras. El aumento de estas actividades ha sido también provocado por otras circunstancias geopolíticas: el deseo de muchos países tradicionalmente productores de materias primas de salir del circulo vicioso que los mantiene en el subdesarrollo y la pobreza en lugar de seguir alimentando las economías de los países ‘desarrollados’ y, no menos importante, la actual o futura escasez de recursos naturales. Factores importantes que han aumentado la necesidad de encontrar nuevas fuentes de abastecimiento.

Los pueblos originarios de Estados Unidos y la necesidad de una unión transfronteriza. Quién puede negar que debido a su privilegiada ubicación dentro de los Estados Unidos de América, la principal potencia del mundo, mucha gente de todo el planeta se ha enterado del levantamiento de Standing Rock, en Dakota del Norte, mientras otras protestas, en Canadá, en América Latina, son y quedan totalmente desconocidas. Indudablemente cualquier cosa que suceda en los Estados Unidos atrae más la atención de los medios de comunicación internacionales. Los cientos de reportajes hechos sobre Standing Rock por RT, Al Jazeera o TeleSur lo comprueban. Y esto es un poder, un poder mediático y de propaganda que muchos otros pueblos originarios americanos – o australianos – no tienen. Esta es la razón por la que las naciones originarias de los Estados Unidos deberían usar este poder para concienciar al mundo sobre el problema de los pueblos originarios de América y de los otros continentes.

Derrotar las ‘nuevas’ identidades postcoloniales, fruto de distintas culturas y lenguas europeas, superar las diferencias y rivalidades entre las tantas culturas de los pueblos originarios del continente – que contribuyeron a debilitar la lucha contra los invasores europeos hace quinientos, cuatrocientos y trecientos años en todo el continente americano – y unirse, es probablemente el verdadero desafío de esta batalla y quizá el único camino hacia un auténtico y duradero resurgimiento. Un renacimiento de las culturas originarias americanas en un hemisferio que nunca volverá a ser como era antes de la llegada de Cristóbal Colón – en un continente en una incesante evolución étnica y cultural – y en el mundo.

¿Cómo puedes ayudar? Existen algunas formas en las que puedes ayudar. Concientiza a tu familia, a tus amigos sobre este tema: los pueblos originarios aún están vivos y están luchando por su supervivencia. Desafía el eurocentrismo, la falsa y psicótica idea de que los pueblos occidentales son superiores y guardianes de la verdad y la razón, mientras los pueblos originarios son inferiores e ingenuos: la gente, las culturas son simplemente distintas y el resultado de lo que les permite su ambiente social. Ten ética y sé coherente, evita de comprar productos de compañías y naciones que oprimen a los pueblos originarios, incluyendo el tuyo, si tu país hace buenos negocios con Estados opresores.

Apoyar a los pueblos originarios es salvar nuestra vida en la Tierra. La lucha de los nativos americanos y otros pueblos aborígenes alrededor del mundo por la preservación de la naturaleza es crucial. Su mensaje nos vuelve más conscientes sobre la destrucción producida por la cultura occidental y su insaciable cultura de consumo adoptada globalmente por casi todos los países del planeta. Una forma de vida que nos está llevando a una calle sin salida puesto que todo, todo lo que compramos, se produce con recursos naturales y la naturaleza no es ilimitada. Así de simple. Es una constatación puramente lógica: necesitamos un medio ambiente saludable. Necesitamos aire, necesitamos agua, necesitamos abejas, necesitamos árboles. Si queremos sobrevivir, tenemos que proteger nuestra Madre Tierra.

”Cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces, las personas se darán cuenta de que el dinero no se puede comer”, Toro Sentado.

”No basta solo con hablar de la paz, es necesario pensar, sentir y vivir en paz”.

Contacto con la autora: katia.novella@gmail.com

Pronto: en el 2017 KBNBWorldNews publicará un reportaje de investigación sobre los pueblos originarios del continente americano después de 500 años de colonización y genocidio: naciones, culturas, lenguas, estigmatización, racismo, nuevas identidades nacionales, el problema representado por el mestizaje… ¡No te lo pierdas!

KBNBWorldNews

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