Cuando el Niqab significaba libertad: las Tapadas, una antigua tradición no islámica

La primera huelga de mujeres de la historia moderna, una historia sudamericana

por Katia Novella Miller

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Hoy en día los velos que cubren las cabezas y las caras de las mujeres se han vuelto el símbolo del fanatismo islámico y un emblema de la opresión femenina. Pero el Islam es erróneamente acusado de ser el primero en haberlos introducido. En realidad las mujeres han sido ‘obligadas’ a ponérselos en varias culturas mucho antes de la aparición del Islam, en el siglo séptimo de la era cristiana. Y aún más sorprendente es el hecho de que los velos de las mujeres fueron otrora un símbolo de libertad femenina, un signo de seducción, como lo demuestra el caso de las Tapadas: un típico y original vestido usado por las mujeres de Lima, la capital más antigua de la América del Sur española (1), fundada en 1535 por Francisco Pizarro, conocido en el mundo como el conquistador del Imperio Inca.

En 1560, veinticinco años después de la fundación de la ciudad, las mujeres comenzaron a cubrirse, a usar velos – llamados manto y saya – que ocultaban sus cabezas, sus caras y casi todo el cuerpo. Un vestuario que hizo enfurecer a los hombres, a las autoridades locales e ibéricas, y también los hizo sentir impotentes ante la determinación de esas mujeres de seguir usando su vestido favorito y defender su libertad de movimiento por la ciudad. Las limeñas llegaron a impedir la prohibición de su característico traje en muchas ocasiones.

El manto y la saya de las Tapadas, como eran llamadas esas mujeres, eran confeccionados con varios tipos de telas dependiendo de la clase social a la que pertenecían y de su nivel de riqueza. Fue un atuendo introducido en la ciudad por las mujeres europeas, pero usado incluso por las esclavas de origen africano.

Algunas personas han sostenido que no se trataba exactamente de una moda ya que las mujeres lo usaron ininterrumpidamente por tres siglos, desde 1560 hasta 1860. Era un atavío exclusivamente de Lima, en ninguna otra ciudad sudamericana vestían el manto y la saya. Quizás por esta razón las limeñas estaban convencidas de que solamente una persona que había nacido en Lima podía confeccionarlo.

El vestido tradicional que las limeñas usaban para salir de casa estaba compuesto de dos piezas: la saya, una sobrefalda con dibujos hechos de encaje o bordados, con un chal de seda con grandes flores coloradas bordadas que se fijaba en la cintura con cintas o cinturones de seda verdes, azules, negros o marrones; las mujeres levantaban la saya para mostrar los pies y los tobillos. Luego estaba el manto, un velo hecho con una tela gruesa, sujetado en la parte posterior de la cintura, desde donde se tiraba sobre los hombros y la cabeza, y era corrido sobre la cara, de la que las mujeres dejaban ver solamente un ojo’, explica James Haggins en el libro ‘Lima: una historia cultural’. Era un vestido que conllevaba insinuación, cortejo, galanteo, prohibición y seducción.

Esos eran tiempos en los que las limeñas – al menos las que pertenecían a las clases altas – eran más libres que sus hermanas de otros lados del mundo. Con el manto y saya, una limeña podía ser confundida con otra ya que eran exactamente iguales como gotas de agua.

En el libro ‘Las peregrinaciones de una paria’, publicado en Francia en 1837, la feminista y activista política franco-peruana Flora Tristan escribió sobre la libertad que el manto y saya ofrecían. Exactamente porque estas mujeres visten en esa forma ”pueden ir a la calle solas y ser confundidas con todas las otras mujeres vestidas de Tapadas. Una Tapada puede encontrar a su propio marido por la calle y él no puede ni siquiera reconocerla. Puede seducirlo, con la mirada, con los gestos, provocarlo con las palabras, ponerse a hablar. Los hombres le ofrecen helados, fruta, galletas, una cita… luego se va y comienza a hablar con un oficial que está paseando más allá por la calle. Ella se puede permitir todas estas aventuras según su voluntad y sin tener que quitarse el velo”.

En las páginas de ‘Las peregrinaciones de una paria’ – un grande éxito literario en el París de esos años que sancionó, entre otras cosas, el nacimiento del mito moderno de la sensualidad de las mujeres sudamericanas en Francia y en el mundo occidental no Ibérico – Flora Tristán escribió que las mujeres de las clases acomodadas de Lima eran más libres que las parisinas de aquellos años y que gozaban de una notable independencia. Fumaban, apostaban dinero, montaban a caballo cuando querían. Disfrutaban de una considerable autonomía y de una casi total ausencia de prejuicios. Hasta las monjas en los conventos de clausura – donde Flora se hospedó – se deleitaban de una considerable libertad de costumbres y se permitían excesos que no eran cónsonos a su estado religioso o a la imagen de una mujer humillada y vencida, apéndice de sus padres o esposos que Flora, crecida en Francia, tenía en su cabeza. Flora Tristán consideraba el vestido de las Tapadas el traje más sensual que había visto en su vida por las calles.

Indudablemente la saya y el manto facilitaban las transgresiones y fue por esta razón que los hombres, la iglesia católica y la corona española trataron de prohibir el vestido de las Tapadas en más de una ocasión: en 1561, 1583, 1583, en el curso del siglo diecisiete… pero las mujeres se organizaron y llevaron adelante huelgas generales, y las prohibiciones no fueron solamente ineficaces, sino que obtuvieron el efecto contrario, provocaron un mayor uso del manto y saya.

”Indiscutiblemente las limeñas llevaron su bandera con coraje y los virreyes fueron siempre vencidos, porque legislar con éxito sobre asuntos de mujeres necesita más fuerza que el ataque a una barricada” escribió el estudioso de las tradiciones locales Ricardo Palma en el siglo diecinueve.

Para defender el derecho a usar su usual vestimenta cuando los legisladores trataron de prohibir su amado vestido callejero por primera vez en 1561, las mujeres de Lima no protestaron, simplemente dejaron de hacer las tradicionales tareas femeninas creando desorden y caos en apenas 24 horas.

¿Pero qué sucedió exactamente en 1561? ”La anarquía doméstica reinó por doquier. Las mujeres descuidaron totalmente sus tareas domésticas. El estofado estaba insípido, los niños no encontraban el consuetudinario cuidado de sus madres, nadie limpiaba sus narices. Los esposos encontraban sus calcetines rotos, sus camisas sucias como los trapos”, escribió Ricardo Palma. Y esto sucedió una, dos, tres, cuatro y más veces en el curso de los años, de los siglos.

Al final, en 1860, la moda de París llegó a Lima y las Tapadas, después de trescientos años abandonaron para siempre sus mantos y adoptaron – pero solo en ocasiones especiales – la mantilla sevillana.

El origen directo de los velos de las Tapadas se encuentra en España. A pesar de que el traje de las Tapadas tenía sus características únicas, su ancestro directo se encontraba en España, más precisamente en Andalucía. En la ciudad de Tarifa un vestido muy parecido fue usado para todas las ocasiones, para ir a pasear o a la iglesia, hasta 1936, cuando las mujeres dejaron de ponérselo. El vestido era distinto porque era solamente negro, pero al igual que como hacían las Tapadas, quienes lo llevaban dejaban ver solamente un ojo. Este atuendo negro era usado también en otras ciudades andaluzas como Jaén y Vejer de la Frontera, donde estas mujeres eran llamadas ‘las cobijadas’. Documentos testimonian que fue popular incluso en la ruta hacia América, en las Islas Canarias, desde el siglo dieciséis (en el siglo dieciocho era de color blanco o marrón y sobre el velo las mujeres se ponían un sombrero).

Pero más allá de la extensión de su difusión, la mayor parte de los expertos cree que el arquetipo ibérico se encontraba en Castilla (la región de Madrid, la capital española), donde esta vestimenta, todavía popular en los siglos dieciséis y diecisiete, era llamada, como en Lima, manto y saya. En Cataluña estos trajes eran conocidos con el nombre de gonella.

La casa real de los Habsburgo (Austria) fue la primera en prohibir el manto y la saya en España.

¿Estos velos femeninos llegaron a España por el Islam? No. En 1830 el triunfo del romanticismo quería ver en España el principal guardián de las tradiciones islámicas en Europa. Viajeros ingleses comenzaron a hacer excursiones por la península ibérica en busca de pistas árabes. Y esos turistas vieron este traje y pensaron inmediatamente que se trataba de un ajuar de origen islámico. Quizás por esta razón el canal árabe Al Jazeera en un reportaje sobre esta vestimenta, ha afirmado que era una reminiscencia del pasado árabe de España (Al-Andaluz), quizás. Pero no es verdad.

Una antigua tradición no islámica. Echar la culpa al Islam de haber introducido los velos femeninos es un error, ya que pertenecen a una tradición cultural mucho más antigua. Las mujeres estaban acostumbradas – u obligadas – a cubrir sus cabezas en Egipto, entre los sumerios, en Babilonia, en Asiria, entre los judíos, los griegos, los romanos, los persas, cientos de años antes de la aparición del profeta de los musulmanes Mahoma, en el siglo séptimo de la era cristiana.

Entre los judíos las prostitutas tenían que cubrirse la cabeza (Génesis, A.T.), pero también las mujeres casadas tenían que taparse cuando se encontraban ante sus maridos.

Los velos femeninos fueron uno de los hábitos sociales que los persas adoptaron de los asirios manteniendo la costumbre en el transcurso del tiempo. En la antigua Persia, las mujeres nobles debían cubrirse cuando estaban en público.

En el mundo greco-romano las mujeres casadas se cubrían la cabeza en las ceremonias religiosas en signo de respeto hacia sus esposos, no hacerlo era considerado un acto de frivolidad y una provocación sexual. En Esparta las esposas no solamente tenían que cubrirse la cabeza en público, también la cara. Pero en líneas generales, en la antigua Grecia los velos no eran solamente un instrumento que indicaba el rol de las mujeres en la sociedad, las mujeres los usaban también para mostrar su estatus social.

En la antigua Roma era considerada una buena costumbre que las mujeres de las clases altas se cubrieran cuando salían de casa.

Sucesivamente los velos fueron adoptados por los cristianos: los atuendos de las monjas son una evocación de ese pasado y muchos dibujos y pinturas de la Edad Media los representan como un símbolo de moralidad. Isabel de Baviera fue esculpida con sus velos.

En la actual Gran Bretaña, y por muchos siglos – hasta alrededor de 1775 d.C. – las mujeres anglosajonas y anglonormandas, con excepción de las solteras, usaban velos que cubrían totalmente sus cabellos y normalmente también el cuello hasta por debajo del manto. Solamente en el período Tudor, por 1485, cuando las capuchas se pusieron de moda, fueron abandonados.

En Italia los velos, incluyendo los que cubrían las caras, han sido usados en algunas regiones hasta los años ’70 del 1900.

Los velos femeninos en el mundo islámico. ”Asociamos los velos con los países que hoy son musulmanes. Y parece que la tradición de usarlos ha nacido exactamente en esa región más o menos en el 3000 de la era pre-cristiana, en Babilonia, Asiria, Sumeria, los encontramos en el antiguo testamento, pero ya en el 900 a.C. los usaban en la antigua Grecia”, confirma Llyod Llewellyn Jones en su libro ‘The Veiled Woman of Ancient Greece’. De hecho todo sugiere que los musulmanes acogieron la costumbre de cubrir las cabezas y las caras de la mujeres durante su expansión, cuando entraron en contacto con culturas en las que las mujeres de los ambientes acomodados los usaban (la transmisión de la cultura sigue esta corriente descendente casi siempre).

¿Qué significan exactamente los velos, el burka o el niqab? Como pasa con todas las costumbres, indudablemente depende del significado que un individuo o una colectividad quieren dar a un objeto, porque los velos son solamente eso: objetos. Una comparación entre la razones por las que las limeñas llevaban los mantos – para ser anónimas, más libres, para divertirse en el contexto de la sociedad patriarcal en la que vivían – y como otras cultura los han usado y usan – como símbolo social, de sumisión o para esconder una cabeza y un cuerpo considerados sexualmente provocantes – lo confirma. De hecho las convenciones son simplemente y exactamente eso: ideas, prácticas establecidas por la costumbre, reglas culturales aceptadas por grupos humanos, pero no verdades universales.

 

Notas

(1) Lima, fundada en 1535, fue la capital del Virreinato del Perú que comprendía los actuales territorios de Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, Chile y Uruguay. Los virreinatos eran zonas administrativas coloniales españolas.

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